Cuando la tierra empieza a temblar

Despertarse a media noche es un fastidio; algunas personas consiguen con facilidad darse la vuelta y seguir durmiendo, en cambio a otros les cuesta un poco más. Pero aunque seas de los primeros, si lo que te ha despertado es un terremoto tienes prácticamente garantizada una noche en vela.

Desde que llegamos aquí, no son pocas las noches que me ha costado dormir pensando en un terremoto. Dicen que la ignorancia es la mayor fuente de felicidad y en ese estado debería haberme quedado yo en lugar de ver reportajes sobre el mega terremoto que teóricamente está por venir en la Costa Oeste. Además, leo estos días que, según los geólogos, hay un 99% de probabilidades de que un terremoto capaz de causar una destrucción generalizada golpee California en las próximas tres décadas. Pues sabiendo esto, ¡ya me siento más tranquila!

Desde que llegamos aquí, ya son tres los terremotos que hemos notado, todos durante el último mes y uno con epicentro en nuestro propio barrio. Por suerte, y esperemos seguir disfrutando de ella mucho tiempo, ninguno ha superado los 5,5 grados en la escala de Richter y su duración ha sido de un par de segundos escasos.

Nuestro primer terremoto sucedió sobre las 23:00. Mi marido y mi hijo estaban ya durmiendo y yo estaba en el sofá, con la tele encendida mientras chateaba por Whatsapp con una amiga de España, aprovechando que allí ya era hora de levantarse. De repente noté como si el sofá se deslizara un poco. En honor a la verdad, si no hubiera sido porque años antes, estando en Italia por trabajo, ya había vivido un terremoto, no hubiera sabido lo que acababa de pasar. Duró apenas un segundo y la sensación fue la misma que si hubiera pasado un camión de gran tonelaje por delante de nuestra casa. Mi marido ni se enteró y mucho menos nuestro hijo. Inmediatamente después, en la tele apareció un letrero de ‘Breaking News’ donde explicaban que se acababa de producir un terremoto de grado 4,4 con epicentro en Yorba Linda, ciudad próxima a Disneyland, situada a 36 millas de Los Ángeles.

La segunda vez, no llegamos ni a notarlo. Estábamos pasando el fin de semana en el Seaworld de San Diego, aprovechando que mi primo nos estaba visitando y que mi marido tenía que asistir a una conferencia a principios de semana. Durante el día, muchas de las atracciones iban abriendo y cerrando, según nos explicaron debido a que había riesgo de terremoto. Nosotros regresamos a casa sin notar nada, pero cuando mi marido llegó al hotel, sus compañeros de trabajo le comentaron que había habido un terremoto de 5,5 grados y que, desde el hotel, al tratarse de un rascacielos, lo habían notado exageradamente.

El tercero ya fue otra cosa. Aunque fue el menor de todos, sólo de 3,3, su epicentro fue en nuestro barrio, así que se dejó notar alto y claro. También sucedió por la noche, esta vez, bien entrada la noche, cuando ya teníamos el sueño bien cogido. Además de la sacudida se escuchó bastante ruido, supongo que de los muebles y objetos que habría encima de ellos, sin tener en cuenta el grito que pegó una de las vecinas.
Según Los Angeles Times, durante el último mes California ha vivido un clásico enjambre sísmico y afirman que después de uno de ellos, jamás se ha visto que le siguiera un gran terremoto, aunque por supuesto en la red ya hay los que vaticinan que el Big One, el terremoto que destruirá California, ya está por llegar. Nosotros por si acaso, estaremos preparados.