Una tarde de cine

Desde que estamos aquí, sólo hemos ido un par de veces al cine. Normal, teniendo en cuenta que pagas 15$ por entrada y corres el riesgo de entender sólo la mitad de la película.

A pesar de ya llevar un año en EEUU, todavía nos cuesta bastante entender películas en inglés sin subtítulos. Por eso, preferimos verlas en casa, donde podemos poner los subtítulos para personas sordas y, como están en inglés, no sólo entendemos la película, sino que además aprendemos palabras nuevas.

Aún así, poco a poco nos vamos lanzando y este fin de semana fui al cine con una amiga. Fuimos a ver Argo, la típica película patriótica a más no poder, basada en un expediente desclasificado de la CIA. Un agente va a Irán fingiendo buscar exteriores para filmar una película con el objetivo de sacar del país a seis diplomáticos estadounidenses que han conseguido huir del ataque perpetrado por un grupo de iraníes a la embajada americana y que están refugiados en casa del embajador de Canadá.

Hubo tres cosas que llamaron mi atención. La primera es que los americanos se ríen por cualquier cosa. Tienen un sentido del humor simplón, como el que se ríe porque alguien se ha caído o se ha dado un golpe contra una farola. La segunda es el sentimiento patriótico que tienen, que aunque es de sobras conocido, no deja de sorprenderme e incluso a veces emocionarme. Justo en el momento que consiguen liberar a los rehenes, la sala entera empezó a aplaudir y estoy casi segura, aunque no puedo asegurarlo porque la sala estaba a oscuras, que más de uno lloró. La tercera, es que en la película salen escenas donde aparece el hotel Beverly Hilton, muy famoso entre las celebrities y donde en febrero de este año murió Whitney Houston. Lo tenemos a 5 minutos de casa y para ir al cine pasas por delante de él, así que me hizo gracia verlo en la gran pantalla cuando lo había visto al natural apenas media hora antes.

Por cierto, sólo recordar que en EEUU los cines no se llaman cinema, sino theatre.