Tener una nanny

Tener una nanny es algo muy habitual en L.A. No es para menos; la mayoría de padres trabajan, poca gente tiene la suerte de vivir en la misma ciudad que su familia y no hay mucha oferta de guarderías.

Una de las cosas que más me sorprendió cuando llegamos aquí es ver la cantidad de nannies que uno puede ver en el parque durante la semana. Contrariamente a lo que pasa en España, aquí los padres prefieren dejar a sus hijos al cuidado de una nanny, en lugar de llevarlos a la guardería. En realidad, guarderías hay muy pocas y, las pocas que hay, cobran por día y a precio de oro (unos $75 por día). Echando cuentas, económicamente hablando probablemente salga más a cuenta contratar a una nanny, que además puede ayudar en las tareas de la casa mientras el niño duerme la siesta.

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La mayoría de nannies en L.A., son hispanas y muchas de ellas están en el país en situación irregular. Aunque esto es de sobras conocido, el gobierno es muy permisivo, puesto que es una buena forma de tener mano de obra barata.

Tampoco se puede decir que ser nanny sea un mal negocio. La mayoría cobra sus servicios por hora y el precio va desde los $10 a los $20 por hora. Teniendo en cuenta que muchas de ellas trabajan todo el día de lunes a viernes y que todo es ingreso neto, puesto que no pagan impuestos, la cantidad total a final de mes no es nada despreciable.

Muchos padres piden a las nannies que hablen a sus hijos en español. No es de extrañar, teniendo en cuenta que se calcula que, a principios de 2014, la población hispana se convertirá en mayoría en California por encima de la blanca. El español es con diferencia la lengua extranjera más usada y aprendida en L.A.

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En cualquier caso, yo no soy muy partidaria de dejar a mi hijo con una nanny todo el día. Prefiero las áreas controladas, como una guardería, donde los accidentes que pueden suceder son mínimos. Las nannies no siempre están atentas a lo que hacen los niños y muchas veces se ponen a hablar entre ellas en el parque mientras los niños campan a sus anchas. Si las madres supieran qué tipo de conversaciones tienen algunas entre ellas, ¡se lo pensarían dos veces antes de contratarlas!

Por supuesto, no todas son iguales y también las hay que, a parte de muy profesionales, son muy dulces, atentas y agradables con los niños. Es el caso de la señora que viene a casa a cuidar a nuestro hijo algún sábado cuando salimos. Muestra de ello es que él se despide de ella con un abrazo y cuando hace tiempo que no la ve, pregunta por ella. Eso sí, ¡de casa no salen!